31 de octubre de 2017

La economía catalana dentro de España (I)


La cuestión catalana está imponiendo la actualidad durante los últimos días, y por tanto es necesario aportar análisis objetivos que ayuden a equilibrar la situación y a reponer el sentido común. Desde hace varios años hemos convivido con el activismo político de economistas que han mezclado sus preferencias ideológicas y el debate económico para presentar una realidad que incorpora bastante sesgo y parcialidad, aunque seguramente lo han hecho con sus mejores intenciones. Esto ha ayudado mucho a generar un clima de agravio, que en muchos aspectos está bastante alejado de la sociedad moderna actual, y demasiado cerca de un ideario difícil de encajar en un entorno global en el que las economías están intensamente conectadas, y los derechos de los ciudadanos están por encima de los históricos. Como se está viendo, han sido los principales actores económicos internacionales y regionales los que últimamente han impuesto una dinámica bastante diferente de las expectativas que mantenían gran parte de sus gestores políticos regionales. Y es que como en otras ocasiones, la política ha conseguido activar un problema que no existía, y que por el nivel de tensión que está alcanzando puede degenerar en complicaciones indeseables para una economía recién salida de la crisis, y que ha dejado muchos ciudadanos en situación crítica. Desde una óptica económica, el momento elegido para agravar el problema territorial puede ser desastroso, y por tanto cabe preguntarse si la oportunidad escogida para dinamitar la convivencia responde a la ineptitud de los gestores políticos, o a una estrategia planificada que responde a la previsible pérdida de importancia y poder de algunos movimientos políticos surgidos con la crisis, y que la recuperación económica reciente puede comenzar a desactivar, a lo que hay que añadir el efecto distracción para ocultar los problemas judiciales relacionados con las corrupción que están teniendo algunos partidos políticos.  


Vamos a pasar a exponer los datos sobre comercio regional para que cada cual extraiga las conclusiones que estime oportunas. En esta y en próximas entradas se va a intentar presentar la estructura económica regional desde distintos ángulos para poder ponderar la importancia real de la economía catalana dentro del conjunto nacional y exponer la repercusión que puede tener un desenlace imprudente del problema generado . Como se puede ver en el gráfico 3.1 las exportaciones e importaciones inter-regionales entre Cataluña y el resto de España son intensas y tuvieron su momento álgido en la punta de ciclo económico anterior comenzando a descender con la crisis. La reciente recuperación ha logrado estabilizar el comercio entre las comunidades autónomas, y ha nivelado el saldo comercial positivo que presenta Cataluña frente al resto del país. Como se puede ver también la región catalana presenta un excedente en bienes de consumo, intermedios y de equipo, mientras que en energía y agricultura mantiene un saldo prácticamente neutro. El último dato estimado disponible en C-intereg para 2016 da un saldo de 17.748 millones de euros a favor de Cataluña, siendo la región que presenta mayor excedente en el conjunto regional.


Cataluña presenta excedentes comerciales prácticamente con todas las regiones de España salvo con Andalucía. En el gráfico 4.2 se presentan las regiones a las que Cataluña envía más exportaciones inter-regionales, siendo la principal Aragón a la que vende el 25,0% de sus exportaciones (9.709 mm€) y de la que importa el 17,0% (3.623 mm€). Después se encuentra la Comunidad Valenciana (Exp: 12,9% | Imp: 16,0%), la Comunidad de Madrid (Exp: 10,4% | Imp: 5,1%), Andalucía (Exp: 8,7% | Imp: 20,0%) y País Vasco (Exp: 6,8% | Imp: 8,2%). Al resto de regiones exporta el 36,2% de los que comercia e importa el 33,7% de los bienes que adquiere. Lo anterior confirma que Cataluña es una potencia industrial que se apoya en un mercado de 46 millones de personas que representa el principal destino de la producción industrial de sus empresas.


COMERCIO ENTRE ANDALUCÍA Y CATALUÑA




Andalucía tiene una gran importancia en el flujo comercial entre regiones debido a su peso en la producción nacional y el número de habitantes que tiene. En el gráfico 1.1 se puede observar la estructura del flujo comercial entre la comunidad andaluza y la catalana, y como desde 2011 la balanza comercial ha cambiado de signo, quedando sólo en negativo el de bienes de consumo. Históricamente, las principales exportaciones andaluzas a Cataluña han sido las relacionados con la agricultura y la energía, pero eso ha cambiado a partir de 2012 como se puede ver en el gráfico siguiente.



En el gráfico 1.2 se representa el flujo comercial de cada sector productivo entre Andalucía y Cataluña desde 1995 hasta 2014, que es el último año disponible en C-Intereg. Como se puede ver Andalucía ha presentado históricamente un saldo comercial positivo en agricultura y energía, mientras que en bienes intermedios y bienes de equipo el saldo ha sido negativo hasta 2012, que cambió la balanza debido a un incremento de las exportaciones hacia cataluña de dichos bienes, permaneciendo estable las importaciones. En el caso de los bienes de consumo el saldo es negativo, manteniendo unas exportaciones estables, mientras que las importaciones presentan volatilidad a partir del comienzo de la crisis.



En el gráfico 5.1 se presenta la importancia de las regiones españolas dentro del flujo comercial interno, y son Cataluña, la Comunidad Valenciana, la Comunidad de Madrid y Andalucía las que mayor volumen comercial realizan entre ellas. En el gráfico también se puede ver que Cataluña y Andalucía presentan los mayores saldos positivos a nivel nacional, mientras que la Comunidad de Madrid, Aragón y la Comunidad Valenciana son las que presentan los saldos negativos superiores dentro de las regiones con mayor peso comercial.



CONCLUSIÓN


La economía catalana es una potencia industrial, algo que se ve reflejado en el volumen de comercio interior que acumula. Es evidente también que las economías regionales están muy interconectadas productiva y comercialmente, en la medida en que Cataluña vende y compra al resto de España (39 millones de habitantes) tanto como lo hace al resto del mundo (6.000 millones de habitantes). El efecto frontera que no se puede afirmar de forma explicita debido a la dificultad de calcularlo, implicaría por ejemplo que mientras Cataluña vende al resto de España casi 39.000 millones de euros en 2016, a vecinos más grandes como Francia sólo vende 10.500 millones de euros y a Portugal con más de diez millones de habitantes sólo vende 4.366 millones de euros. Si desde un punto de vista logístico y operativo no debería existir esas diferencias, sería importante saber cuál es el motivo por el que Cataluña vende lo mismo a Francia que a Aragón, y así poder valorar el efecto frontera que algunos economistas olvidan en sus análisis.

Si dejamos de un lado la objetividad de esos análisis, y nos centramos en la realidad que impone las circunstancias, el peligro que preocupa actualmente al mundo empresarial catalán y español es que un cambio de preferencias en los consumidores debido a un posible efecto frontera real o psicológico, tenga un impacto muy significativo en la estructura productiva y laboral de las principales economías regionales del país, y particularmente en Cataluña. Un mercado de casi 40 millones de clientes considerado como mercado propio interno, es lo suficientemente poderoso como para provocar un cambio importante no sólo en el comercio de bienes sino también en la prestación de servicios originados en las distintas comunidades autónomas. En la medida en que el consumidor reoriente sus compras por motivos emocionales e ideológicos que nada tienen que ver con la calidad/precio de los productos o servicios adquiridos, puede tener un efecto significativo en la cadena logística y productiva, además de grandes desajustes en la cartera comercial de muchas pequeñas y medianas empresas tanto en Cataluña como en el resto de España, que no olvidemos son las que generan el mayor porcentaje de empleo en nuestro país.

El argumento utilizado para esterilizar el posible impacto comercial del conflicto político en Cataluña ha sido que la mayoría del comercio inter-regional tiene carácter profesional, es decir que el decisor es un empresario que utiliza criterios técnicos de calidad y precio para sus compras. Hay que partir del hecho que cuanto menor es el tamaño de la empresa, también es menor la gestión profesionalizada y mayor la capacidad de que influyan también otros aspectos no considerados convenientemente. Es nuestro país predomina la pequeña empresa, y por tanto los consumidores tienen más poder de imponer sus preferencias que en el caso de las más grandes que disponen de mayor capacidad para seducir e incluso imponer sus preferencias de negocio. Otro tema no expuesto es el de las importaciones de productos que se venden en todo el territorio nacional y que se importan a través de Cataluña, y al contrario también, los productos que salen de España utilizando la comunidad catalana, que lejos de ser residual tiene una importancia enorme en la estructura comercial de dicha región. Si se analiza la posibilidad de que ese comercio que Cataluña considera propio y que realmente podría hacerse sin problemas desde otras regiones, no está tan claro que el escenario previsto por sus responsables políticos sea el pronosticado.

Importante también es la prestación de servicios inter-regionales, de los que no tenemos estadísticas para saber el volumen que generan en el tráfico mercantil entre comunidades autónomas. Como ya sabemos, el peso del sector servicios en una economía desarrollada es el que mayor magnitud tiene, y con la particularidad que es intensivo en mano de obra. En la medida en que dicho sector representa un volumen muy importante del Producto Interior Bruto de una comunidad como la catalana, el impacto de una frontera legal, fiscal o comercial generaría un efecto negativo sobre el mercado laboral, y un más que posible descenso importante en el porcentaje de la cadena de valor de la producción que puede retener. El volumen total de los servicios financieros, turísticos, transporte, tecnológicos, etc. que se prestan entre regiones es superior al de los bienes que se intercambian, y por tanto a la vista de la omisión de este tema en algunos análisis presentados, es evidente la inocencia o intencionalidad de algunos gestores políticos regionales. 

En conclusión, en esta entrada se ha intentado exponer el peso que Cataluña tiene dentro del comercio interior nacional, y en próximas entradas se va a presentar la importancia que tiene para España en otros aspectos económicos y financieros. El debate sobre Cataluña ha derivado hacia un enfrentamiento emocional e ideológico -incluso sentimental- que poco puede hacer el análisis económico y su sentido común para intentar relajar la intensidad de la crisis institucional provocada. Es evidente que el problema independentista va a tener implicaciones negativas en muchos aspectos, también en el económico. El gobierno de España ha rebajado ya en 0,3 puntos el crecimiento para el próximo año, y la AIREF estima un impacto de hasta 1,5 puntos si persiste la incertidumbre. Es posible que en la medida en que la tensión nacionalista continúe insensible al impacto laboral que puede tener la crisis institucional que prometen, y que continúe también su llamativa indiferencia al daño social generado, el impacto sobre la situación socio-económica de la ciudadanía catalana y española será más intenso. Por eso hay que insistir en que el momento para activar el conflicto territorial no ha sido el adecuado desde un punto de vista social y económico, en la medida en que la economía crece, el empleo también y la recuperación de la rentas salariales empieza a concienciar a los gestores económicos del país. Es probable entonces, que los tiempos utilizados sean parte de una estrategia planificada impuesta por razones inconfesables, que tienen mucho que ver con la pérdida esperada de influencia social de movimientos políticos surgidos con la crisis económica, y a los que la intensa recuperación del empleo y las rentas del trabajo en el futuro les debilitará su capacidad de atraer simpatizantes. Además, el efecto dispersión que están consiguiendo para distraer la atención sobre los problemas legales a los que se enfrentan una parte importante de los actores políticos implicados en la confrontación, también puede tener gran peso en el irresponsable tacticismo utilizado. En fin, seguiremos hablando de Cataluña, esperando que sea para mejorar nuestro modelo de convivencia, y no para destrozarlo y de camino provocar una recesión económica que terminaría con la paciencia de los ciudadanos.