20 de diciembre de 2014

El gasto público en sanidad en Andalucía

GRÁFICO 1. Gastos sanitario per cápita presupuestado de la Junta de Andalucía

El gasto público en sanidad y educación es el pilar básico de un estado de bienestar. No es una mera partida económica que se puede utilizar para estimular o enfriar la coyuntura según el ciclo, como si puede hacerse con las infraestructuras o el impulso a determinados sectores de la economía. Por tanto, desborda el debate puramente económico y su principal inspiración es ideológica, política o social. Es escaso el apoyo que una privatización de la sanidad y educación obtiene dentro de la sociedad española y andaluza, y por tanto, hay que asumir la importancia de dejar claro cuál es el andamiaje presupuestario en el que debe sustentarse el principal componente de gasto público regional. Ahora bien, es evidente que de la misma manera que existen prioridades sociales para las que existe un consenso sobre su mantenimiento, también debe existir una conciencia colectiva en cuanto a que los recursos no son ni infinitos ni duraderos, y que aunque nos irrite, la consecución de unos objetivos siempre están supeditados a unas restricciones económicas que varían según el ciclo. 


En el caso del gasto sanitario público, el gráfico de arriba muestra la evolución que ha tenido éste durante gran parte de la década pasada y lo que va de la presente. Se puede ver como el gasto per cápita en dicha partida creció hasta 2008, en línea con el crecimiento que tuvo el conjunto del presupuesto y del PIB regional. Por tanto, es evidente que el gasto sanitario se acomodó al ciclo y que el soporte financiero ha sido claramente estacional, en tanto que se ha incrementado cuando la economía va bien, y ha disminuido cuando ha decrecido. Obviamente esto no debería ser así, y por tanto tiene que existir una estructura fiscal que haga sostenible el armazón presupuestario que soporte el gasto sanitario independientemente del ciclo económico en el que nos encontremos. Para conseguirlo hay que tener presente dicho ciclo, y tal como se hace con las pensiones, habría que crear un fondo de reserva con el ahorro obtenido en momentos de punta de ciclo para usarlo en momentos de dificultades, y evitar que el gasto social se utilice con fines que no son estrictamente los necesarios para conseguir que el sistema público de sanidad andaluza sea eficaz, duradero y sostenible. Establecer un nivel en función del volumen del PIB medio histórico y previsto actualizable, nos daría la cantidad de recursos necesarios, y por tanto un punto de referencia para exponer a los ciudadanos el esfuerzo fiscal que deben de realizar, y sobre todo el reparte de éste.

GRÁFICO 2. Gastos sanitario per cápita deflactado presupuestado

La percepción que los ciudadanos tienen sobre los servicios públicos sanitarios en Andalucía ha ido deteriorándose, conforme la crisis ha hecho mella en el presupuesto de la Junta y en otras variables económicas muy relacionadas con el bienestar social. La realidad confirma el malestar que se observa en la opinión pública en tanto que el gasto sanitario ha descendido a un nivel previo al 2002 durante el presente ejercicio. Tal como se puede ver en el gráfico 2, el gasto per cápita a comienzo de la década pasada fué de 760 euros aproximadamente, siendo en 2014 de 750 euros por habitante. Esto contrasta con el gráfico de arriba, el cuál no ha tenido en cuenta la corrección del nivel general de precios, y que presenta un mejor escenario en el periodo post-crisis.

GRÁFICO 3. Porcentaje de gasto sobre el presupuesto total

Algo parecido sucede si vemos el porcentaje de gasto de la partida sanitaria sobre el presupuesto total. El comienzo de la crisis ha supuesto un descenso del peso que dicho gasto tiene sobre el total del presupuesto regional. Así en 2002 el 30,0% del presupuesto fue destinado a la sanidad andaluza, mientras que en el presente ejercicio la Junta ha destinado solo el 27,7% de su presupuesto anual.

En conclusión, la percepción del ciudadano andaluz respecto a la sanidad pública de la Comunidad es acorde con el comportamiento de los recursos destinados a dicha finalidad. Y es que el gasto sanitario han descendido de manera importante si lo medimos en términos per cápita y deflactado, al igual que en porcentaje sobre el gasto total presupuestado. Por tanto, la realidad impone un debate para que al igual que se ha intentado con las pensiones, el tema de la sanidad y la educación queden al margen de la coyuntura política e ideológica. Tendría que ser analizada desde el prisma de la eficiencia, y sabiendo que los objetivos sociales pueden maximizarse teniendo en cuenta las restricciones financieras impuestas por un nivel de ingresos fiscales que pueden variar a lo largo del tiempo.