30 de diciembre de 2014

La percepción negativa de la mejora económica


Es frecuente escuchar en las tertulias de radio y en otros foros que la mejora de la economía no llega al grueso de la población. Es evidente que el desempleo, el endeudamiento excesivo y la falta de recursos públicos para intentar minimizar las consecuencias de la crisis actual, son los fundamentos de la negativa percepción que tienen los ciudadanos andaluces y españoles sobre el comportamiento de la economía en la actualidad. Hay una cuestión al respecto que prácticamente nadie pone en duda -salvo aquellos que desconocen los fundamentos de los ciclos económicos o bien lo utilizan para fines demagógicos-, y es que el crecimiento es esencial para que la mejora económica termine beneficiando al conjunto de la población de un territorio. Por tanto, y al margen del ruidoso debate político al respecto, lo mejor que puede suceder en la coyuntura actual es que la economía coja tracción, y se produzca un crecimiento de los beneficios empresariales que estimule la Formación Bruta de Capital y consecuentemente las rentas salariales vía incremento del empleo.


Es también sabido, que un incremento de la producción de un territorio si no va acompañado de una correcta distribución de la renta, termina por perjudicar dicho objetivo, y en el largo plazo ese desequilibrio termina reduciendo el crecimiento potencial de una economía. También es oportuno entender que las estrategias o medidas estructurales que se toman en momentos donde el ciclo es más intenso, normalmente tienen un gran componente de oportunismo y por tanto intensifican el ciclo, siendo esto justo lo contrario de lo que la actual crisis nos tendría que haber enseñado. 

Hablar en estos momentos de que la economía está mejorando es simplemente una opinión puntual sobre la coyuntura, y viene a decir que es posible que estemos en el comienzo de lo que puede convertirse en una recuperación, que nos lleve dentro de una década a ver el presente ejercicio como el del inicio de la recuperación, de la misma manera que  hoy vemos el 2008 como el inicio de la recesión. Dicho esto, si vemos el gráfico de arriba podemos ver que la tasa de paro regional comenzó a descender fuertemente gracias al buen comportamiento de la Formación Bruta de Capital durante dicho período, y en gran medida gracias a un modelo económico que ha resultado ser desequilibrado e inestable . Si como parece intuirse del gráfico anterior, la salida de la recesión debe venir acompañada por la inversión empresarial y la formación de capital, aún estamos lejos de volver al crecimiento potencial de nuestra economía, y por tanto el uso de las palabras tiene una gran importancia en la creación de expectativas. Ahora bien, la recuperación del empleo y de la confianza de los consumidores que son los que realmente tiran de una economía desarrollada, está aún lejos de normalizarse.


Continuando con el tema de los ciclos económicos y las opiniones o análisis sobre la percepción de la economía de aquellos que se dedican a comentar la actualidad social, deben saber que mezclar componentes estructurales y objetivos económicos a largo plazo, con las medidas coyunturales a tomar para intentar atemperar la intensidad del ciclo es peligroso, o al menos contraproducente. La mejora macro no llega al conjunto de la población entre otras razones porque trasladar dicha mejora de la coyuntura económica a la situación personal de los ciudadanos tiene un retardo de varios años, y más si son cambios estructurales y sistémicos. Por tanto, las actuaciones necesarias para intentar reconducir la producción y el empleo hacia un modelo más equilibrado requiere de acciones y procesos que necesitan de un amplio periodo de tiempo para en primer lugar corregir el problema, y posteriormente percibir la mejora en la situación social. Un buen consejo sería poner en duda las soluciones mágicas con resultados inmediatos y que parecen contar con recursos ilimitados que se pregonan en la actualidad en el mercado tertuliano y político. Las buenas intenciones se nos presupone a todos nosotros, pero el problema es cuando los recursos lo ponen los demás.

Hoy en día es lógico estar de acuerdo en que muchas de esas medidas o actuaciones son prioritarias y necesarias para luchar frente a la complicada situación en la que se encuentra un amplio sector de la sociedad andaluza, pero no dejan de ser medidas temporales para intentar mitigar los efectos de la crisis, y por tanto son eso, temporales. Y es que esas medidas provisionales tienen efectos colaterales y externalidades, y por tanto no son inocuas, y máxime si convertimos actuaciones paliativas en tratamientos permanentes para estimular una economía que no necesita tanto de más estímulos financieros, como de cambios profundos en la forma de entender el contexto internacional y los ciclos económicos y financieros. El endeudamiento público es el ejemplo claro de lo que suelen llamar estímulo, y que convertido en tratamiento permanente, se convirtió paradójicamente en el principal causante de la situación de crisis económica que padecemos. Si no somos capaces de ver que la percepción de la economía que teníamos antes de 2008 estaba construida sobre una gran burbuja de deuda privada, y que para salir de la misma hoy queremos construir una nueva pero pública, estamos ante una intensificación del ciclo con efectos desastrosos en el futuro. 

Por tanto hay que ser realistas y entender que la actual salida de la crisis es inmadura y tiene ante si grandes riesgos. Ser optimista en estos momentos tiene ventajas para algunos pero inconvenientes para la mayoría. De la misma manera que ser pesimistas -aún siendo real debido a la situación personal de demasiadas personas- también está siendo beneficioso para aquellos que quieren convencernos que la fórmula mágica para mejorar el bienestar social es convertir estímulos temporales y provisionales en el único elemento de política económica con la que cimentar el crecimiento futuro. La economía es una ciencia social, y por tanto no es todo lo contundente que se requiere en situaciones complicadas como la que estamos padeciendo, pero no es atrevido afirmar que la técnica y el conocimiento económico está bastante desarrollado y posee bastantes verdades que están ampliamente consensuadas entre los economistas. Probablemente el problema esté en: el mantenimiento de intereses y privilegios creados en el pasado; en la sustitución del análisis económico por uno más político que en gran medida deforma la realidad económica y las soluciones técnicas posibles; en un debate ideológico e incluso demagógico que se abstrae del contexto internacional y de los objetivos a largo plazo; y en la más que justificada impaciencia y necesidad de una gran parte de la población andaluza. En conclusión, las palabras son importantes en este momento, pero la contaminación política e ideológica, está ganando claramente la batalla al análisis económico real que no busca culpables sino soluciones, y que lejos de epítetos y adjetivos, describe la realidad y las soluciones óptimas. Que por cierto... no son mágicas.