21 de marzo de 2016

Evolución socioeconómica en Andalucía

La situación socioeconómica en Andalucía pasa por analizar la dinámica de su mercado laboral, que es el que más castigado ha sido por la crisis, y que por tanto es el principal origen de los problemas económicos que tienen actualmente las familias. La tasa de actividad en la región ha descendido un -1,5% interanual en el cuarto trimestre del 2015, según los datos de la Encuesta de Población Activa de Andalucía (EPA). En total se ha reducido en casi 60.000 el número de personas activas en la comunidad andaluza. El análisis del comportamiento de la población activa es importante, en tanto que indica el número de personas que o bien están trabajando, o bien están disponibles y quieren trabajar pero no encuentran empleo. La incorporación de personas a la población activa significa que el mercado laboral tiene suficiente profundidad como para absorber la nueva mano de obra disponible. Cuando se produce un estancamiento o se reduce, esto implica que o bien se ha llegado al límite de población disponible para trabajar, o bien que está desanimada ante la imposibilidad de encontrar trabajo, que es lo que sucede en la actualidad. Por tanto, todo lo que suponga un incremento de la población activa, implica una expansión de la capacidad productiva de la economía andaluza, y un mayor nivel de rentas disponibles para el consumo y la inversión.

Por su parte, la tasa de paro en Andalucía ha mejorado en el cuarto trimestre del año pasado, quedando en el 29,8% de la población activa, después de registrar un 34,2% en el mismo periodo del año anterior. Esto ha supuesto una variación absoluta de 197.400 parados menos respecto al mismo trimestre del año anterior,  o el -14,1% en tasa interanual. El número total de parados andaluces según la EPA ha descendido hasta los 1.198.000 personas, lo que supone un cambio importante respecto a la dinámica de destrucción de empleo vivida durante la crisis. Los datos en el resto del territorio nacional han sido también de fuerte descenso de las tasas de paro. Así, el desempleo en España ha descendido en 678.200 personas, lo que ha supuesto una tasa interanual del -12,4%, dejando el nivel de paro en el 20,9% del total de la población activa. A destacar la reducción del diferencial de tasas de paro regional respecto a la nacional, que ha cerrado el ejercicio en 8,9 puntos, cuando un año antes dicha diferencia era de 10,5 puntos. Por tanto, sin entrar a valorar el tipo de contrato ni su duración, los datos muestran una intensa mejora respecto a la fase intensa de destrucción de empleo de la crisis en la que la tasa de paro se situó por encima del 36%.

La empleabilidad también ha mejorado durante el ejercicio pasado, cerrando en el 41,0% de la población de 16 años y más. El número de ocupados cierra el ejercicio 2015 en 2.819.400 personas según la EPA, lo que ha supuesto un crecimiento del +5,1% respecto al cierre del ejercicio 2014, siendo la creación de empleo en términos absolutos de 137.600 personas más trabajando. En concreto esta mejora se ha reflejado en el incremento de dos puntos en el nivel de empleo en el cuarto trimestre de 2015, respecto al 39,0% registrado al cierre del 2014, y casi cuatro puntos respecto a mismo trimestre de 2013. A nivel nacional la tasa de empleo ha sido del 47,0% lo que ha supuesto una diferencia respecto a la regional de 6 puntos, siendo la mejora respecto al mismo trimestre del año anterior de 1,4 puntos, lo que supone que el cierre de 2015 ha presentando una mejora relativa de las tasas de empleo y de paro de la comunidad andaluza respecto a la del conjunto de España.

En cuanto al empleo generado, nos vamos a centrar en primer lugar en el empleo público. En Andalucía, el empleo público se situó al cierre de 2015 en 554.300 empleados, lo que ha supuesto un incremento de 29.900 personas (+5,7%). Por su parte, el número de asalariados que trabajaban en el sector privado en la comunidad, ha sido de 1.755.600 personas, lo que ha supuesto un incremento de 102.100 empleados (+6,2%). La tasa de asalariados públicos sobre el total ha sido del 24,0% a cierre del ejercicio pasado. La situación ha mejorado en ambos sectores respecto al 2014, aunque la mayor intensidad se ha percibido a lo largo de 2015, en gran medida por la mejora del consumo privado, que se ha visto impulsado gracias a la relajación en los objetivos fiscales propio de un periodo electoral, al comportamiento de los precios de las materias primas, y a las medidas no convencionales del BCE. A resaltar el hecho que actualmente el nivel de empleo público en términos absolutos y relativos está por encima de los alcanzados durante el período previo a la crisis, por lo que no se corresponde dicha situación con la idea que actualmente existe en amplios sectores de la opinión pública.

En cuanto a la duración del empleo generado, el empleo indefinido ha crecido un +5,8% interanual en el cuarto trimestre de 2015, mientras que el temporal lo ha hecho en un +6,5%. En total, el número de personas con contratos de duración indefinida ha crecido en Andalucía en 81.800 personas durante el año, mientras que los contratos temporales se han incrementado en 50.300 personas. El porcentaje de empleo indefinido sobre el total se ha situado en dicho trimestre en el 64,5% de empleo total. Si vemos los resultados obtenidos al nivel nacional en los distintos tipos de contratos, el indefinido ha crecido en el periodo citado un +1,6% mientras que el temporal lo ha hecho un +9,5%, por lo que en este aspecto los datos registrados en Andalucía durante dicho trimestre han sido mejores. De todas formas hay que destacar que el empleo indefinido a nivel nacional es del 74,3%, lo que supone un diferencial de casi diez puntos porcentuales de diferencia. Se puede ver en el gráfico que si el comienzo de la recuperación se ha materializado en la creación de empleo temporal, actualmente el empleo indefinido está tomando ritmo, con lo que esto supone para la estabilidad económica de las familias.

Los últimos datos sobre costes laborales totales por trabajador correspondiente al cuarto trimestre de 2015, arrojan un crecimiento del 1,4% interanual, situándose el coste por trabajador para Andalucía en 2.410,40 euros. A nivel nacional, el Coste Laboral por Trabajador se situó en 2.671,40 euros, siendo el crecimiento anual del 1,2%. El 2015 ha sido el año en el que se ha revertido la dinámica salarial, en tanto que la media del coste salarial ha crecido un 1,5% en Andalucía, y un 1,7% a nivel nacional. Esto es una buena noticia, aunque hay que matizar que el mayor esfuerzo en la contención del gasto salarial ha sido y está siendo soportado sobre todo por el nuevo empleo, en la medida en que éstos no incorporan las mejoras salariales que si tienen aquellos trabajadores que han permanecido en sus puestos de trabajo durante la crisis. Los datos sobre convenios colectivos indican que se están firmando subidas salariales por encima del 1%, por lo que es probable que la fase de reducción general de los salarios acontecida tras la crisis se dé por concluida. Tampoco se espera mejoras importantes en la retribuciones de los trabajadores en el medio plazo, salvo que se produzca un cambio sustantivo en el modelo laboral actualmente en vigor.

El buen tono del empleo ha tenido su impacto en el consumo privado regional, el cuál ha crecido el +3,8% en el cuarto trimestre de 2015, lo que supone un ritmo de crecimiento acelerado. Actualmente el nivel de producción regional ha alcanzado el que había en 2010, justo antes de la fase más intensa de la crisis, aunque el consumo privado sigue 3,3 puntos por debajo del nivel alcanzado en dicho año, según los últimos datos de la Contabilidad Regional Trimestral de Andalucía (CRTA). El PIB por su parte ha crecido el +3,7%, mientras que el gasto de las administraciones pública crece el +4,2% y la Formación Bruta de Capital el +4,9%. Las importaciones (+3,7%) por su parte suelen comportarse de forma procíclica, y como se puede comprobar esta variable está creciendo al mismo nivel que hace la economía regional, siendo por tanto un indicador de que el consumo interno está tirando también de bienes y servicios exteriores. La mejora observada probablemente continuará durante el ejercicio en curso, aunque se espera que se reduzca la intensidad de crecimiento tanto del consumo privado como del PIB.

La mejora laboral que se está percibiendo por parte de la población andaluza, ha tenido su impacto en el consumo de los hogares. Dentro del índice de comercio al por menor, el indicador que mejor comportamiento está manifestando ha sido el de las ventas de no alimentación. Estos bienes han sido los que más han sufrido el impacto de la crisis, en tanto que los bienes duraderos requieren de mayor esfuerzo financiero, y la decisión está muy influenciada por las circunstancias y las expectativas futuras de los consumidores. Pues bien, el negocio generado por el comercio regional desde mediados de 2015 crece de forma sostenida, aunque las ventas no alimentarias son las que mejor comportamiento están teniendo.  Aun así, esta partida todavía continúa en niveles inferiores a los registrados a comienzos de la década pasada, por lo que se puede ver el impacto de la crisis en este segmento del comercio, que ha sido el que mayormente ha sufrido la crudeza de ésta. En enero, las ventas totales se ha incrementado en +0,7%, registrando un +4,5% las ventas no alimentación, permaneciendo igual las de alimentación.

El Índice de Precios al Consumo también ha ayudado en la fase actual de recuperación del empleo y del consumo. El descenso generalizado de precios en la economía regional se ha debido a la reducción del precio del petróleo, cuyo impacto es ha sido superior al 1% en el PIB. Las medidas monetarias puestas en marcha para intentar evitar el riesgo de deflación también han ayudado en forma similar al crecimiento económico andaluz debido al aumento de la financiación disponible y a la disminución de su coste. El incremento de  salarios y la reducción de precios ha generado una mejora en la capacidad adquisitiva de los hogares, y por tanto ha supuesto un alivio en las familias  a la hora de afrontar un escenario tan complicado como el vivido. Febrero ha cerrado con un descenso de precios del -1,0% en gran medida provocado por el importante descenso de los precios de las materias primas, y el concreto del petróleo, que ha provocado una preocupación importante en la autoridad monetaria europea, que se ha visto obligada a tomar medidas no convencionales nuevas y a ampliar las que se habían puesto en marcha para alejar el riesgo de deflación a nivel europeo. Esto ha supuesto poner una enorme liquidez en el sistema para intentar incrementar la financiación al sector privado, reduciendo el coste de financiación a niveles históricamente bajos.

Los precios de las viviendas tienen un peso importante en las decisiones económicas de las familias, ya que por un lado es la inversión más importante a la hora de crear un nuevo hogar, y por otro es el principal activo para la mayoría de ellos. De hecho, la propiedad de la vivienda ha sido durante este periodo un elemento esencial para evitar situaciones financieras difíciles como las que se han vivido en estos años de crisis. El Índice de precios de vivienda muestra un crecimiento general del +3,0% interanual durante el cuarto trimestre del año pasado, siendo la vivienda nueva la que más ha crecido con un +6,5%, mientras que la vivienda de segunda mano lo ha hecho un +2,5% en dicho trimestre. Al igual que otros indicadores ya comentados en apartados anteriores, los precios de las viviendas han comenzado a crecer a lo largo de ejercicio pasado, en gran medida por la mejora laboral y por la facilidad financiera que ha provocado la política monetaria del BCE. Aunque hay que matizar que la situación está aún lejos de la normalidad, ya que existen muchas viviendas vacías tanto nuevas como usadas por vender, y la mejora de rentas no es lo suficientemente intensa como para amplificar lo suficiente el mercado inmobiliario.

Otro aspecto importante para describir la situación socioeconómica actual lo podemos observar en los beneficiarios de prestaciones por desempleo en la comunidad andaluza. Enero es el último mes con datos disponibles, y en Andalucía había un total de 577.933 beneficiarios de este tipo de prestaciones, lo que supone un descenso interanual de 29.832 (-4,9%) personas menos que el mismo mes del año anterior, y un incremento de beneficiarios de 11.811 (+2,1%) respecto al mes de diciembre. El subsidio de desempleo lo perciben un total de 265.066 personas, lo que supone el 45,9% del total de beneficiarios. A continuación están la prestación contributiva, que la reciben un total de 141.174 personas, lo que supone el 24,4%. El subsidio de eventuales agrarios tiene 102.008 beneficiarios (17,7%), la renta activa de inserción la reciben 60.990 personas (10,5%), mientras que el programa de activación de empleo lo reciben 8.695 personas (1,5%). Todo lo anterior ha supuesto un esfuerzo financiero de 373 millones de euros, lo que supone el 21% del total destinado a este fin a nivel nacional. La cuantía media de la prestación contributiva percibida por beneficiario se ha situado en 781,8 euros al mes, mientras que a nivel nacional este importe ha sido de 815,6 euros.

El crédito al sector privado en Andalucía es el indicador que mejor nos muestra el comportamiento pasado y presenta del panorama financiero regional. En el gráfico adjunto podemos ver el crecimiento excesivo del crédito durante la fase previa a la crisis mundial, y como la  fase actual de desapalancamiento financiero de la economía aún prosigue hoy en día, incluso con las medidas excepcionales del BCE. La reducción del endeudamiento es positivo, en tanto que recupera la capacidad financiera de empresas y hogares, y máxime después de la borrachera de deuda que se produjo por la disponibilidad abundante de crédito al sector privado que tuvo como consecuencia la generación de la burbuja inmobiliaria y otras menos conocidas. Ahora bien, la reducción drástica del endeudamiento causado por factores exógenos, provocó un derrumbe del consumo y la inversión, y en consecuencia del empleo en una economía que como la andaluza tenía poca orientación exportadora que hubiese sostenido parte del empleo de unos sectores demasiado orientados al consumo interno. El cambio de tendencia en el comportamiento del crédito es una buena noticia, en cuanto que implica una mejora del consumo gracias a la recuperación de la capacidad financiera de los hogares. Aunque el cuarto trimestre del 2015 ha arrojado un descenso del -5,9% en el volumen total de crédito al sector privado en Andalucía, hay que matizar que el crédito nuevo se está recuperando, lo que implica que aunque estamos en una fase de consolidación crediticia, ha comenzado a recuperarse el crédito al consumo de las familias, en parte por la mejora de rentas y en parte por la disponibilidad de los bancos comerciales a prestar.


Los beneficiarios de prestaciones por desempleo durante la crisis



La crisis ha puesto a prueba el sistema de protección social de los países que como España la han sufrido intensamente. Es evidente que el sistema no estaba preparado para una recesión tan fuerte como la vivida, y que incluso habría sido más dramática si no se hubiese puesto en marcha una expansión fiscal sin precedentes que ha supuesto multiplicar por tres la deuda pública durante dicho periodo. Hay que tener en cuenta que ningún modelo de protección social está preparado para un crecimiento del desempleo tan rápido como el vivido, que ha dejado sin ingresos laborales a una parte significativa de la población. En parte, debido al modelo productivo que concentró los recursos disponible hacia sectores intensivos en mano de obra, pero con baja productividad e imposible de reorientar su producción hacia el exterior. En el gráfico adjunto se puede ver la evolución de las prestaciones por desempleo desde 2005 en Andalucía. Las prestaciones contributivas fueron las que crecieron rápidamente al comienzo de la crisis, en gran medida porque los trabajadores habían cotizado en el seguro de desempleo, y por tanto tenían derecho al percibirlo cuando fueron despedidos. También se puede ver como a partir de 2012 comienza un descenso importante de este tipo de beneficiarios, pero no porque hubiesen encontrado empleo y por tanto dejan de percibir la prestación, sino porque han agotado el plazo máximo y no encontraron otro empleo.

Mientras que la prestación contributiva perdía peso en el total de beneficiarios de prestaciones por desempleo, el subsidio comenzaba a ganar peso, hasta el punto de triplicarse en dos años, y mantenerse así hasta la incipiente recuperación percibida a partir de 2014. En el gráfico se puede observar como el subsidio ha sido una pequeña tabla de salvación para muchos hogares en Andalucía, ya que sin esta prestación el daño social ocasionado por la crisis habría sido bastante peor. A raíz de toda esta problemática generada durante estos años, han salido a la opinión pública diversos ideas o soluciones para intentar mejorar el sistema de protección social de sus ciudadanos. Como siempre que se analiza algo en caliente, las propuestas aunque sean interesantes, justas e incluso razonables, sólo deberían ser aplicables en una situación excepcional. Pero no tiene sentido aplicar medidas excepcionales una vez normalizada la situación, y por tanto no parece razonable construir un nuevo sistema de protección laboral y social pensado para una situación de excepcionalidad como la vivida. La solución en todo caso es evitar que se produzcan estas circunstancias en el futuro, y para ello hace falta una estructura productiva con características diferentes a las que existían en la década pasada. 

El origen principal de la pobreza relativa en Andalucía durante la crisis ha sido la pobreza laboral, es decir, la falta de empleo y oportunidades laborales en la región. Este desempleo crónico amplificado por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y financiera, y la falta de recursos para atender una situación excepcional es lo que ha llevado a la sociedad andaluza hacia el límite. Ahora bien, sabiendo el guión de lo acontecido, lo que habría que proponer es el modelo productivo post-crisis para evitar en lo sucesivo que este tipo de situación difíciles en produzcan en el futuro. Por tanto aunque el sistema de protección laboral debe estar pensado para mitigar los schock económicos imprevistos y exógenos, antes debemos evitar episodios intensos de desempleo provocados por errores en la orientación económica de los recursos de la región. 

Por último destacar el comportamiento de las prestaciones del subsidio eventual agrario que ha reducido en un tercio el número de beneficiarios en Andalucía desde 2005. Esta prestación que sólo reciben los trabajadores eventuales agrarios andaluces y extremeños es fuente de controversia política, aunque hay que matizar que en enero de este año sólo ha supuesto el 11,8% del total de prestaciones (44,3 millones de euros), y el 2,5% del total de prestaciones a nivel nacional. El endurecimiento de las condiciones para acceder a este tipo de prestaciones, y el paso de trabajadores eventuales a la situación de jubilación están en el origen de la importante reducción de beneficiarios de esta prestación.