27 de julio de 2018

Pensiones contributivas andaluzas según la edad (II)


En términos generales el sistema de pensiones en España ha funcionado durante la crisis en la medida en que no se han reducido ni el volumen de las pensiones ni el importe medio de éstas, a lo largo del periodo analizado. Hay que tener en cuenta que este país ha pasado por dificultades financieras muy importantes durante la crisis, al igual que otros países que finalmente tuvieron que reducir el número de beneficiarios y el importe de las prestaciones públicas ante la dificultades financieras que padecían. Las medidas adoptadas en nuestro país en materia de pensiones a partir de 2012 (retrasar la edad de jubilación, ampliar el periodo de cálculo de la pensión, introducción del factor de sostenibilidad, etc.) tenía como objetivo equilibrar en el medio y largo plazo el modelo existente. En la actualidad se ha abierto un periodo de reflexión para modificar algunas de las medidas adoptadas y encontrar nuevas fórmulas que hagan sostenible el sistema para las generaciones futuras. Y es que hay varias razones que hacen peligrar el modelo actual, y una de ellas es el importante aumento de la población en edad de percibir una pensión. Además de lo anterior, España es uno de los países de la OCDE con mayor tasa de sustitución -porcentaje del salario que se convierte en prestación por jubilación-, lo que hace que el incremento de la nómina total de las pensiones sea muy intenso. 


Cabe hacerse algunas preguntas sobre el futuro del modelo de pensiones público en nuestro país. En primer lugar, ¿Puede la dinámica demográfica desbordar la capacidad financiera del sector público para mantener el intenso ritmo de crecimiento de pensionistas y prestaciones en el futuro? ¿Podrá mantener el sistema la capacidad económica de las pensiones evitando que una población tan vulnerable termine en riesgo de pobreza? ¿La producción y la productividad crecerán lo suficiente como para poder cubrir las necesidades financieras en pensiones, sanidad y dependencia manteniendo el resto de partidas de gasto? ¿El pacto intergeneracional seguirá vigente en el futuro en la medida en que la sociedad no consiga mejorar las condiciones socio-laborales de sus cotizantes? ¿Es posible proporcionar unas pensiones dignas simplemente con una voluntad política o por el contrario ésta sólo puede disminuir los efectos del envejecimiento de la población?. O peor aún ¿Podría las decisiones políticas llevar a la quiebra del sistema en la medida en que los responsables públicos no sean capaces de identificar la realidad de las restricciones financieras que presenta las pensiones futuras? Y por último ¿existen soluciones simples, equilibradas y socialmente aceptables para el problema que no pasen por una tutela ideológica de las medidas a poner en marcha?


Centrándonos en el panorama de las pensiones en Andalucía, en el cuadro 15 se puede observar la evolución y el peso regional de las distintas comunidades autónomas entre 2005 y 2017. En el caso andaluz, el número de pensiones han crecido un 22,0% en dicho periodo, mientras que a nivel nacional ha aumentado el 19,8%, lo que genera un leve incremento del porcentaje de pensiones andaluzas sobre el conjunto del país (2005 | 14,9% - 2017 | 15,2%). Sería interesante comprobar en qué medida el proceso de migración interna producida en España en el siglo pasado, está influyendo en el diferente ritmo de crecimiento de las pensiones que se observa en el gráfico anterior.


En el gráfico 16 se muestra la variación de pensiones por grupos de edad en Andalucía en el período transcurrido entre 2005 y 2017, y hay un fenómeno que merece la pena resaltar. En el tramo de edad comprendido entre los 70 y 80 años se produce un crecimiento menor o incluso descenso del número de pensionistas ( 75-79 : -5.651 pensionistas). En este fenómeno puede tener mucho que ver el impacto demográfico que tuvo la Guerra Civil Española en la población, ya que si analizamos el número de pensiones por el año de nacimiento del beneficiario se puede ver que ese tramo de edad coincide con el periodo de guerra y la inmediata posguerra. A nivel nacional el descenso de pensiones de beneficiarios entre 70 y 74 años ha sido de 130.786 prestaciones, siendo las comunidades que más han reducido el número de ellas Cataluña ( 75-79 : -27.984 ), Castilla y León ( 75-79 : -27.525 ), y Galicia ( 75-79 : -18.999 ).


A nivel provincial podemos ver en el gráfico 25 el peso de las pensiones sobre el total de la región andaluza. Además podemos observar algunos crecimientos dispares por provincias. En concreto, si nos centramos en las pensiones cuyo beneficiario tiene más de 65 años el ritmo de aumento ha sido mayor en Málaga (34,7%), Cádiz (29,3%) y Sevilla (26,9%), mientras que en provincias como Jaén (8,0%), Córdoba (10,5%) y Granada (16,3%) la variación ha sido significativamente menor. Por tanto nos encontramos con diferencias importantes en la evolución del número de pensiones tanto a nivel regional como a nivel provincial. Sería interesante controlar esta variable con otros fenómenos demográficos, históricos y económicos para poder conocer mejor la dinámica descrita. A simple vista se puede ver que los crecimientos más intensos se da en comunidades y provincias que presentan características económicas e institucionales concretas que la diferencian de las demás.


En conclusión, el fenómeno demográfico del envejecimiento de la población andaluza es una realidad que se puede observar en el gráfico anterior. Dicho proceso seguirá intensificándose hasta mediados de siglo, en el que el porcentaje de población mayor de 65 años se estabilizará en torno a un tercio de la población. Por otro lado la población menor de 25 años registra una pauta inversa al caso anterior, disminuyendo su porcentaje hasta estabilizarse en una quinta parte del total de la población a partir de 2040. El hecho quizá más relevante a efecto de pensiones es el incremento de la población mayor de 85 años, que se intensificará a partir de 2040 y que puede llegar a representar una décima parte de la población andaluza. En definitiva el factor demográfico va a ser esencial para el futuro de las pensiones, y hay que tener en cuenta que las decisiones que tomemos actualmente van a influir en la capacidad económica de las personas que todavía no han nacido. Hay que tener en cuenta que a mediados de siglo estas personas tendrán la edad para ser cotizantes, pero la estructura demográfica que se va a encontrar va a ser muy diferente a la que tenemos en la actualidad.